La débil voluta de humo se aventuraba sobre la etc

 Donde todo el mundo ve aventureros en la ruta. Donde todos festejan las andanzas de esos jóvenes escritores que se cargan una mochila llena de libros para lanzarse al camino. Yo solo veo a un puñado de niños burgueses con la necesidades primarias cubiertas intentando con todas sus fuerzas ser interesantes. Cualquier idiota con dos dedos de frente y con una redacción medianamente decente puede jugar a ser escritor sufrido, o peor aún, poeta atormentado, cuando en el borde del abismo siempre puede levantar el tubo y en cuestión de días ser rescatado por la billetera de mami o papi. 

Si hay algo peor que un hippie con osde

es un hippie con osde escritor.

 Y lo peor es que la historia está repleta de estos tipos. Muchos de ellos incluso se consagraron. Los dan como material de estudio en los colegios. Pretenden hacerlos pasar por una suerte de gurus del lado B de la vida. Si es para ponerse a revolear libros por la ventana hasta que se te acalambren los brazos. 

Dean Moriarty no fue más que un nene mimado con un poco más de serotonina que el ser humano promedio y licencia de conducir. Lo jodidas que habrán estado las cosas en los años en que Kerouac escribió On the road como para que tomen a ese tipo como una suerte de ícono de la juventud rebelde de la época. Jesucristo. Holden Caulfield era un snob de mierda inconforme con la sociedad y el mundo y se llenaba la boca hablando estupideces, pero por lo menos reconocía su cuna de oro. 

Y tenía 16 años. 

Y ni siquiera existió.

Mientras más leo, más me convenzo de la cantidad de farsantes con buena redacción que nos vendieron a lo largo de la historia. Esos de la Generación Beat me tienen bastante preocupado. Me adentré en la mayoría y sencillamente no me los puedo tomar en serio. Quiero hacerlo. Quiero con todas mis fuerzas, lo juro. Incluso mi espíritu, harto de existir en ocasiones, a media máquina, y en busca de algo mínimamente rebelde a lo que correr a refugiarse e intentar dar batalla a las trampas impuestas del día a día, necesita creer en ese grupo de jóvenes. Pero donde todo el mundo ve ve a una pandilla de revolucionarios rupturistas y libertinos, yo solo veo a un puñado de esnobs fumando como posesos, emborrachándose porque sí, e intentado escribir algo medianamente interesante para hacerse famosos en algún momento. Ya saben, esa gente que se encierra en una habitación de hotel con las paredes descascaradas y una máquina de escribir a la que le falta una letra solo para tratar de hacer coincidir la escena con lo que les gustaria estar viviendo. 

Y lejos de regodearme en la ironía y algún que otro comentario punzante, esto me duele. Porque me siento estafado. Porque me hace pensar que ni siquiera en los incomprendidos puedo buscar algún tipo de refugio temporal. Todo el mundo necesita refugiarse en algo, esto es una verdad. Y yo no lo estaría logrando.

Y no digo que para poder escribir sobre la miseria y la precariedad de la condición humana tengas que estar necesariamente muriéndote de hambre. No creo que funcione así. Pero si te vas a lanzar a la ruta con el propósito de ser el abanderado de los desposeídos, mínimamente necesito que tengas la soga unos centímetros al cuello. De otra forma es una clase de teatro. Y de las malas. 


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